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Las Charlas
El Sentido Común

El sentido común se define, como la facultad que tiene la generalidad de las personas, para juzgar razonablemente las diferentes situaciones que son parte del diario vivir.

De acuerdo con esta definición vamos a analizar la información que llega a nuestras manos, a través de los visitantes que vienen de Cuba, y de los que arriban a nuestras costas en sus balsas. Como resultado de estos contactos, podemos deducir que una parte de las personas que vive en la isla, pertenece a uno de los siguientes patrones de conducta:

Aquellos que se lamentan de lo que sucede en Cuba cuando están en sus casas con los suyos, pero no hacen nada para modificar las cosas, porque consideran que es tiempo perdido. Los que no quieren complicarse la vida, que aceptan de buena o de mala gana lo que les rodea, y se las arreglan como pueden para ir tirando. Los que están pendientes de buscar lo más esencial para sobrevivir, dedicando todas sus energías a la compra y venta de cuanto consiguen. Las muchachas jóvenes, atractivas, que toman la decisión de conseguir aquello que necesitan, sin importarle las consecuencias, y a las que llaman con ese nombre tan conocido en el mundo libre: la jinetera. Los que se tiran al mar, los balseros, en esa travesía tan arriesgada, en la que se supone que sólo llegan tres de cada cinco que realizan este viaje. Los que vienen de visita, y después toman la decisión de quedarse, creyendo que han encontrado la gloria. Los que todavía a estas alturas consideran que el gobierno cubano, es víctima del famoso embargo comercial americano y que Fidel, no puede hacer nada, porque dicho gobierno no se lo permite. Finalmente, los disidentes intransigentes, que están decididos a hacer algo para propiciar la caída del gobierno, sin importarles los riesgos que conlleva hacerlo.

Todas estas personas que aparecen en este patrón de conducta, –salvo los últimos– actúan con la misma intención: evadir la realidad que los rodea y de esta forma salirse de la dolorosa situación en que viven, pero todos ellos, se encuentran totalmente confundidos. Es hora de entender que sólo hay un camino: Usar el sentido común, para liberar a Cuba de esa tiranía.

Por lo tanto, la única solución que sirve y funciona, es no seguir pensando: lo mío es resolver mi problema diario y conseguir lo que me hace falta. Lamentarnos por lo malo que están allí las cosas. Quedarnos paralizados y estáticos sin hacer nada para modificar el rumbo. Tampoco es convertirse en una jinetera o tirarse al mar, porque ambas son un suicidio. Ni creer que la gran solución es venir a vivir a Miami. Es de sentido común comenzar a pensar de forma diferente. Sólo existe una solución para todos. ¡Salvar a Cuba! ¿Cómo te lo pudiera presentar para que lo entendieras? ¡Mira, voy a contarte una anécdota verídica!

Durante el primer año de la Segunda Guerra Mundial, el ejército alemán logró conquistar los países más importantes de la Europa Central. En ese momento Inglaterra se quedó sola durante trece meses, haciéndole frente a la nación alemana que para esos tiempos era toda una leyenda, con una armada invencible. La invasión a Inglaterra por parte de la marina de guerra alemana, era inminente. El mundo libre estaba consternado pensando en lo que iba a suceder allí. En ese momento la nación inglesa se estaba jugando su destino, ser libre o esclava.

El servicio de inteligencia inglés había descifrado la clave del alto mando alemán, y sabía muy bien que el desembarco tendría lugar por el puerto inglés de la ciudad de Plymouth. A consecuencia de estos acontecimientos tan graves, las autoridades de esta ciudad fueron a visitar al Primer Ministro inglés, Sir Winston Churchil para decirle: –Señor Primer Ministro, ¿qué vamos a hacer con los niños de nuestra ciudad cuando se produzca el inminente desembarco alemán por nuestras costas? ¿Sabes cuál fue la respuesta de uno de los grandes hombres del siglo XX, Sir Winston Churchil?: –Cuando llegue la invasión alemana, si es que se produce, si queremos salvar a Inglaterra, no podemos comenzar tratando de salvar a los niños, porque después vamos a querer salvar a las mujeres y a los ancianos. Dado el momento que nos ha tocado vivir, lo único que nosotros tenemos que salvar es a Inglaterra. Si no somos capaces de salvarla, no hay que preocuparse por nada ni por nadie.

¡Por el amor de Dios!,
¿entendiste que tu caso es el mismo?

Es necesario aceptar que la única solución, no hay otra, es:

Salvar a Cuba. ¿Cómo?

¡Muy sencillo!, la carga será ligera porque lo haremos entre todos. Sólo necesitamos que hagas tu parte, utilizando tu inteligencia, la agudeza, el sentido común. Haz lo que se te ocurra, a tu manera, a como puedas, pero hazlo. Es de sentido común salvar a Cuba, si la salvamos, nos salvamos todos. Por ahora sólo realizaremos cosas sencillas, producir lo menos posible dentro de tus labores de trabajo y no acudir a ningún trabajo voluntario. Utilizando tu agudeza y el sentido común, podrás lograrlo, hasta conseguir el nivel de la audacia y podamos tirarnos a las calles en racimos humanos, cantando la marcha de la libertad, ¡Cuba, záfate!

Por el amor de Dios, trata de entender esto: dentro del ser humano el sentido de libertad es innato, ante el peligro de perderla, es capaz de poner a funcionar todas sus fuerzas interiores, tratando de retener aquello que siente que le pertenece. En esa coyuntura, alcanza su mayor pasión, y es muy propenso a volverse osado, atrevido y audaz.

La providencia sólo le alquila el mundo a los valientes y a los que perseveran. No olvides que Cuba y los cubanos merecen ser libres. ¡Elígete!

Quiero terminar esta charla dejándote con esta motivación: solamente aquellos que persisten, que son capaces de luchar con tesón, que se aferran a sus ideales, llevan dentro la fuerza que permite convertir un sueño en realidad.

¡Que Dios te bendiga!
Habló para ti desde América libre,
Jonás.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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