|
Las
Charlas
El drama
Cuba
hoy no es propiamente una nación. Adolece de haber
sido llevada por caminos muy extraños, por alguien
que siendo un desordenado completo tiene capacidades
extraordinarias. El centro trágico de nuestra sociedad
no radica solamente en su falta de libertades, ni
su sometimiento a unas normas de vida ajenas a la
herencia cristiana y martiana de nuestro pueblo, sino
a la confusión que determina las actuaciones de la
generalidad de su gente.
Un
pueblo que ha tenido que convivir con la mentira durante
más de cuatro décadas, tiene que haber sido dañado
por ella. Una sociedad que ha sido engañada, desarmada,
hambreada y sometida. Que en todos estos años el miedo
ha sido su más fiel compañero, tiende a llevar muy
dentro de sí, grandes temores.
Un
conglomerado que ha padecido una tiranía por tantos
años, que ha tenido que sufrirlo todo, tiende a padecer
de depresión endógena. La enfermedad de un grupo grande
conlleva la misma profilaxis que la de una persona.
Cuando un ser humano se rompe por dentro, que le surge
una grieta estructural, que no se puede sostener por
sí mismo, que no sabe quién es, ni lo que quiere,
que todo lo acepta, que pierde su capacidad para luchar,
que todo le da lo mismo; al llegar a este punto no
hay quien lo salve, si primero no se ve tal cual es
en toda su miseria interior.
¡Entonces,
comenzará a sentir
los primeros afanes de la redención!
También,
necesita despertar el deseo de libertad. Entender,
que vivir es algo más que luchar por comer. Que no
se viene a la tierra a vivir desordenadamente. Cada
uno tiene que sudar su destino. Descubrir de dónde
procede. Saber a qué puede aspirar y vislumbrar la
existencia de un Dios que lo ama.
Es
en los grandes dolores, cuando mejor aflora en nosotros
lo bueno que llevamos dentro. No es de repente que
se llega a la audacia, es un camino lento, seductor,
muy atractivo, con la fascinación que genera el peligro.
Es como la primavera que se gesta debajo de la tierra
por meses, para después en explosión inundarnos.
Existen
muchas maneras de acabar con una tiranía. Es más sencillo
de lo que muchos suponen, que una comunidad desarmada,
sometida y hambreada, pueda derribar a un gobierno
repleto de cañones.
Las
fuerzas indomables del espíritu humano provienen de
sus grandes conflictos. De lo contrario, la humanidad
no hubiera podido escribir la historia que ha tenido
que luchar. Sitúale a un hombre en su interioridad
la honra y el honor de Dios, y no tendrás que decirle
lo que tiene que hacer.
Ustedes,
nuestros únicos hermanos, que viven en la isla de
los penitentes, están en un momento muy apropiado
para que los orienten, hasta lograr que un grupo grande
sin rebelarse se vuelva intransi- gente. Al situarse
en esta coyuntura muy fácilmente se volverá irreverente.
Al conseguir este nivel sólo necesitará que le recuerden
lo mucho que ha tenido que sufrir, lo demás corre
a cargo de Dios.
¿Sabes
el por qué de todo esto? Porque cuando el hombre sencillo
de la calle que es en realidad el tronco de una nación,
es ofendido sin consideración alguna, está maduro
para que lo conviertan en atrevido y audaz.
Cuba
se encuentra en el momento sicológico y cronológico,
para que la guíen por radio, televisión y prensa,
desde las oscuridades en que vive, hasta percibir
claramente quién es su opresor, y qué debe hacer para
tirarlo por la borda. Una tiranía solamente dura,
hasta que sus tiranizados descubren que juntos son
más fuertes que ella. No existe tirano, por déspota
que sea, que resista la decisión redentora de un pueblo.
Es
de la mayor importancia que el cubano de hoy, descubra
los ilimitados horizontes del poder de la voluntad,
de ese poder que nos permite situarnos allí, donde
podemos convertir en realidad nuestras mayores
esperanzas.
Que
entienda que nosotros, el exilio cubano, somos sus
únicos hermanos. Ustedes y nosotros agarrados de las
manos somos mayoría aplastante. Necesitamos que tengas
una fe grande en nosotros, que lo vamos a lograr.
Las trompetas de Jericó han sonado, las murallas van
a empezar a caer.
Hoy,
quiero dejarte con esta inquietud. En algún momento
de este día o de esta noche, sepárate de los demás,
quédate solo para que medites sobre esto: detrás de
cada seria frustración llega una crisis del espíritu,
perdemos el aliento, no queremos seguir, todo lo vemos
negro, qué desgraciado nos sentimos. Sin darnos cuenta
de que vivir es soñar, y luchar hasta alcanzar aquello
que deseamos.
No hay atajo sin trabajo,
ni bello amanecer sin noche oscura.
Pídele
a Dios que se acerque a tu persona, y grítale: –Señor,
dame la fortaleza que no tengo.
Dame la luz que me hace falta.
Mi Dios, quiero ser tuyo de veras,
¡sálvame para que me uses!
Sentir
a Dios es un don que Él regala, pero es necesario
pedirlo.
Padre
Nuestro que estás en los cielos, santificado sea
tu nombre, venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan
de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también
nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos
dejes caer en tentación y líbranos de todo mal.
Padre
Nuestro, fortalécenos, capacítanos, llénanos del
santo coraje que nos permita tirarnos a las calles.
Llenos de Ti. Juntos de la mano. Gritando y cantando,
¡Cuba,
záfate!
¡Que
Dios te bendiga!
Habló para ti desde América libre,
Jonás.
|