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Llamados
a la libertad:
estrategia sin guerra para derrocar
al dictador.
Por:
Ariel Remos
A
los cubanos les tocó sufrir la indiferencia del mundo
a su tragedia. Pero, más que eso, desde muy temprano
cometieron un inmenso error de cálculo, y fue el de
pensar que EE.UU. sería el más fuerte baluarte en
la lucha por la reconquista de la patria perdida a
manos de los comunistas.
Creer
en Castro dio lugar al primer fraude que enfrentaron
los cubanos en este proceso. El segundo fue producto
de la ignorancia de que el liderazgo estadounidense
en la lucha contra el imperialismo soviético, fue
un liderazgo desorientador. Ignorar que la política
exterior de EE.UU. obedecía a intereses en la sombra
y no al orden instituido, fue el síndrome fatal que
desvió desde el principio de la revolución en el poder,
la estrategia a seguir para derrocar al dictador.
No quiere decir que la lucha podía tener éxito sin
el apoyo de la primera nación del mundo frente a la
segunda, pero el enfoque de la lucha hubiera sido
muy diferente.
La
gran mayoría creyó en el mito de que era imposible
un gobierno comunista a 90 millas de EE.UU., y dio
por descontado el apoyo de eso que resultaba un fatalismo
geográfico, y, como tal, un hipotético impedimento
a la supervivencia de esa revolución tan cerca de
EE.UU.
Tan
triste paradoja la resumimos en una ocasión con una
frase que todavía tiene vigencia: Sin los americanos
no se puede. Con los americanos tampoco.
Por
no percibir el espejismo que rodeó al caso cubano
como parte de la confrontación soviético-estadounidense,
los cubanos no entendieron que la lucha por la conducción
de la reconquista de la patria, aun sin descartar
el apoyo externo, era cuestión enteramente de ellos.
Y prevaleció la tendencia a confiar en que la supuesta
ayuda de EE.UU. contribuiría más que otra cosa a resolver
la cuestión, cuando eso era precisamente lo contraindicado.
A
ese error, habría que unir dos elementos negativos
más. Uno, el individualismo a todo trance del cubano,
que le impide trabajar en equipo o, llegado el caso,
reducir su protagonismo; y, el otro, el divisionismo
que esa actitud provoca. Todos estos elementos trabajando
de consuno impidieron hacer bueno el refrán de que
en la unión está la fuerza, máxime en este caso de
enfrentar no a uno, sino a dos poderes mundiales.
Y mataron todo esfuerzo por promisorio que pareciera.
Desde
el principio un sólo objetivo, sin alternativas posibles
ni atenuantes, configuró la estrategia de los exiliados:
el derrocamiento de Castro, para lo que no se contaba
para nada con los hermanos de la Isla. Pero el paso
de los años comenzó a horadar esa posición que algunos
llamaron intransigente, soslayando que el gran intransigente
era el tirano. Surgieron entonces otras tesis menores,
pero que han ido evolucionando en la medida en que
la oposición dentro de la Isla, ha ido creciendo.
Son tesis contemporizadoras basadas en el diálogo
con la tiranía, en negociaciones y contactos, que
están en desacuerdo con esa posición a que responde
el bien llamado «exilio histórico». El diálogo con
la tiranía es una degeneración de ese espíritu de
lucha primario por la libertad de Cuba, que le dio
consistencia y sigue predominando entre los cubanos.
Al
mismo tiempo, Castro le dio la razón a la tesis «intransigente»
del exilio, demostrando hasta la saciedad que con
él no se puede dialogar, ni negociar ni contemporizar,
si no es en sus términos de mantener todo el tiempo
el poder absoluto. Y no dejó alternativas a la gran
mayoría de los cubanos, para ponerle fin, que no fuera
la del derrocamiento. Por eso no queda otra, si queremos
removerlo del poder y no esperar a que muera. Pero,
¿cómo?
Está
más que comprobado que es impensable la acción militar
que cabría contra el tirano, asumible únicamente por
EE.UU. Pero sí puede derrocarlo el pueblo, incluyendo
en él a los militares. Castro sí puede ser derrocado
por su propia gente. Y eso que no ha podido pasar
en estos 45 años de ensayos y fracasos, es lo que
nos ofrece como posibilidad «Llamados a la libertad»,
concebidos y escritos por los escritores Juan Suárez
y la Dra. Blanca Rosa García. Es ahí donde está su
novedad y su encanto, su cercanía al Huevo de Colón.
Este
libro, «Llamados a la libertad», es una estrategia
inédita en la lucha de los exiliados. Su método ha
sido utilizado con éxito en propósitos espirituales
como los Cursillos de Cristiandad. Se trata del mismo
método psicoeducativo y conductista que ha funcionado
en el desmantelamiento de esquemas mentales falsos
para sustituirlos por esquemas mentales legítimos.
Esto lo explican muy bien los autores.
A
través de las charlas en que consisten estos «Llamados
a la libertad», se demuestra que la mente y la disposición
de los cubanos que viven bajo la tiranía de Castro,
han sido totalmente superpuestos a la personalidad
libre de cada ciudadano, impidiendo todo tipo de reacción
en contrario al criterio oficial. «Llamados a la libertad»,
desenvuelve los mecanismos que permiten que cada cubano
esclavizado se vea en el espejo de la abyección a
que lo ha reducido el régimen, para que el poder desnudo
del tirano no encuentre ni oposición, ni obstáculos.
Estos
«Llamados» no pueden ser más oportunos, porque con
los años el cuadro ha cambiado también en otro aspecto.
En años anteriores no se podía contar con el pueblo
de intramuros, como ya dijimos. Hoy existe una disidencia,
una oposición militante como nunca antes, que son
precisamente los que van a hacer algo todos los días,
grande o pequeño, algo que lo socave, que no le haga
el juego y debilite al opresor.
A
eso es a lo que están dirigidos estos «Llamados»;
a liberar al cubano de las amarras interiores con
que el régimen lo tiene atado, para que en un momento
dado diga presente y haga posible el hasta ahora imposible
de levantarse y derrocar al tirano al grito de ¡Cuba,
záfate!
Los
«Llamados» siguen una directriz clave: «Una tiranía
solamente dura hasta que sus tiranizados descubren
que juntos son más fuertes que ella». Y la completa
esta otra: «No hay tirano por opresor que sea, que
resista la avalancha de un pueblo unido y decidido
a no tolerarlo».
Ese
importante estado de conciencia es el que van a propiciar
estos «Llamados», enseñándoles a los tiranizados lo
mucho que han tenido que sufrir, desnudándoles el
alma para que vean en esa desnudez el trapo humano
en que los han convertido: sumisos, sin voluntad,
llenos de temores, con un policía dentro de sí, repetidores
de consignas en las que no creen. Un verdadero adefesio
humano, con un yo artificial superpuesto a su yo mutilado.
Los
«Llamados» descubren a ese hombre obligado a no vivir
en él y tiene como propósito desmontarle totalmente
ese trauma que se ha apoderado de sus mecanismos psicológicos,
convirtiéndolo en el modus operandi de su personalidad.
Los «Llamados» le van a devolver a su verdadera conciencia
para que pueda enfrentar el sistema represivo del
gobierno.
La
cuestión está, como dicen los autores, en que el cubano
descubra el cuadro que tiene ante sí: ausencia de
futuro, sinrazón para vivir, desidia y miedos, entendiendo
a la vez que puede redimirse si descubre claramente
que la tiranía que existe y 11 millones de tiranizados,
son una perversión.
A
través de las charlas en que se desarrollan estos
«Llamados», los que frente a la situación dolorosa
en que viven, tratan de evadirla, pero están resignados
cuando no confundidos, entenderán que hay sólo un
camino de salida de ella, que es la liberación.
Hay
en ellos preguntas clave a los cubanos, una de ellas:
«¿Vale la pena vivir cuando uno descubre que vale
menos que los esclavos?». El ser humano, sólo cuando
descubre su miseria interior, es que comienza a sentir
los afanes de redención, dicen también los autores.
Deshacer
en la psiquis del cubano todo lo que hizo Fidel Castro
en ella para transformarla y hacer de él un esclavo
llevado al grado más alto de la abyección, es meta
de estos «Llamados». O sea, deshacer ese «portento»
de ingeniería humana que es el «hombre nuevo» de Castro.
Cuando
el pueblo cubano cobre conciencia de lo que el tirano
ha hecho de él, y, a través de él, ha hecho de Cuba
como pueblo y nación, estará preparado para dar el
salto de la esclavitud a la libertad. Esa es la apuesta
de estos «Llamados a la libertad» de Juan Suárez y
la Dra. Blanca Rosa García. |