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El Matrimonio es más que Amor - Juan Suárez y Blanca R. García, Ed.,D

US. $14.95
ISBN 0-9632334-2-4

 

Llamados a la libertad:
estrategia sin guerra para derrocar al dictador.

Por: Ariel Remos

A los cubanos les tocó sufrir la indiferencia del mundo a su tragedia. Pero, más que eso, desde muy temprano cometieron un inmenso error de cálculo, y fue el de pensar que EE.UU. sería el más fuerte baluarte en la lucha por la reconquista de la patria perdida a manos de los comunistas.

Creer en Castro dio lugar al primer fraude que enfrentaron los cubanos en este proceso. El segundo fue producto de la ignorancia de que el liderazgo estadounidense en la lucha contra el imperialismo soviético, fue un liderazgo desorientador. Ignorar que la política exterior de EE.UU. obedecía a intereses en la sombra y no al orden instituido, fue el síndrome fatal que desvió desde el principio de la revolución en el poder, la estrategia a seguir para derrocar al dictador. No quiere decir que la lucha podía tener éxito sin el apoyo de la primera nación del mundo frente a la segunda, pero el enfoque de la lucha hubiera sido muy diferente.

La gran mayoría creyó en el mito de que era imposible un gobierno comunista a 90 millas de EE.UU., y dio por descontado el apoyo de eso que resultaba un fatalismo geográfico, y, como tal, un hipotético impedimento a la supervivencia de esa revolución tan cerca de EE.UU.

Tan triste paradoja la resumimos en una ocasión con una frase que todavía tiene vigencia: Sin los americanos no se puede. Con los americanos tampoco.

Por no percibir el espejismo que rodeó al caso cubano como parte de la confrontación soviético-estadounidense, los cubanos no entendieron que la lucha por la conducción de la reconquista de la patria, aun sin descartar el apoyo externo, era cuestión enteramente de ellos. Y prevaleció la tendencia a confiar en que la supuesta ayuda de EE.UU. contribuiría más que otra cosa a resolver la cuestión, cuando eso era precisamente lo contraindicado.

A ese error, habría que unir dos elementos negativos más. Uno, el individualismo a todo trance del cubano, que le impide trabajar en equipo o, llegado el caso, reducir su protagonismo; y, el otro, el divisionismo que esa actitud provoca. Todos estos elementos trabajando de consuno impidieron hacer bueno el refrán de que en la unión está la fuerza, máxime en este caso de enfrentar no a uno, sino a dos poderes mundiales. Y mataron todo esfuerzo por promisorio que pareciera.

Desde el principio un sólo objetivo, sin alternativas posibles ni atenuantes, configuró la estrategia de los exiliados: el derrocamiento de Castro, para lo que no se contaba para nada con los hermanos de la Isla. Pero el paso de los años comenzó a horadar esa posición que algunos llamaron intransigente, soslayando que el gran intransigente era el tirano. Surgieron entonces otras tesis menores, pero que han ido evolucionando en la medida en que la oposición dentro de la Isla, ha ido creciendo. Son tesis contemporizadoras basadas en el diálogo con la tiranía, en negociaciones y contactos, que están en desacuerdo con esa posición a que responde el bien llamado «exilio histórico». El diálogo con la tiranía es una degeneración de ese espíritu de lucha primario por la libertad de Cuba, que le dio consistencia y sigue predominando entre los cubanos.

Al mismo tiempo, Castro le dio la razón a la tesis «intransigente» del exilio, demostrando hasta la saciedad que con él no se puede dialogar, ni negociar ni contemporizar, si no es en sus términos de mantener todo el tiempo el poder absoluto. Y no dejó alternativas a la gran mayoría de los cubanos, para ponerle fin, que no fuera la del derrocamiento. Por eso no queda otra, si queremos removerlo del poder y no esperar a que muera. Pero, ¿cómo?

Está más que comprobado que es impensable la acción militar que cabría contra el tirano, asumible únicamente por EE.UU. Pero sí puede derrocarlo el pueblo, incluyendo en él a los militares. Castro sí puede ser derrocado por su propia gente. Y eso que no ha podido pasar en estos 45 años de ensayos y fracasos, es lo que nos ofrece como posibilidad «Llamados a la libertad», concebidos y escritos por los escritores Juan Suárez y la Dra. Blanca Rosa García. Es ahí donde está su novedad y su encanto, su cercanía al Huevo de Colón.

Este libro, «Llamados a la libertad», es una estrategia inédita en la lucha de los exiliados. Su método ha sido utilizado con éxito en propósitos espirituales como los Cursillos de Cristiandad. Se trata del mismo método psicoeducativo y conductista que ha funcionado en el desmantelamiento de esquemas mentales falsos para sustituirlos por esquemas mentales legítimos. Esto lo explican muy bien los autores.

A través de las charlas en que consisten estos «Llamados a la libertad», se demuestra que la mente y la disposición de los cubanos que viven bajo la tiranía de Castro, han sido totalmente superpuestos a la personalidad libre de cada ciudadano, impidiendo todo tipo de reacción en contrario al criterio oficial. «Llamados a la libertad», desenvuelve los mecanismos que permiten que cada cubano esclavizado se vea en el espejo de la abyección a que lo ha reducido el régimen, para que el poder desnudo del tirano no encuentre ni oposición, ni obstáculos.

Estos «Llamados» no pueden ser más oportunos, porque con los años el cuadro ha cambiado también en otro aspecto. En años anteriores no se podía contar con el pueblo de intramuros, como ya dijimos. Hoy existe una disidencia, una oposición militante como nunca antes, que son precisamente los que van a hacer algo todos los días, grande o pequeño, algo que lo socave, que no le haga el juego y debilite al opresor.

A eso es a lo que están dirigidos estos «Llamados»; a liberar al cubano de las amarras interiores con que el régimen lo tiene atado, para que en un momento dado diga presente y haga posible el hasta ahora imposible de levantarse y derrocar al tirano al grito de ¡Cuba, záfate!

Los «Llamados» siguen una directriz clave: «Una tiranía solamente dura hasta que sus tiranizados descubren que juntos son más fuertes que ella». Y la completa esta otra: «No hay tirano por opresor que sea, que resista la avalancha de un pueblo unido y decidido a no tolerarlo».

Ese importante estado de conciencia es el que van a propiciar estos «Llamados», enseñándoles a los tiranizados lo mucho que han tenido que sufrir, desnudándoles el alma para que vean en esa desnudez el trapo humano en que los han convertido: sumisos, sin voluntad, llenos de temores, con un policía dentro de sí, repetidores de consignas en las que no creen. Un verdadero adefesio humano, con un yo artificial superpuesto a su yo mutilado.

Los «Llamados» descubren a ese hombre obligado a no vivir en él y tiene como propósito desmontarle totalmente ese trauma que se ha apoderado de sus mecanismos psicológicos, convirtiéndolo en el modus operandi de su personalidad. Los «Llamados» le van a devolver a su verdadera conciencia para que pueda enfrentar el sistema represivo del gobierno.

La cuestión está, como dicen los autores, en que el cubano descubra el cuadro que tiene ante sí: ausencia de futuro, sinrazón para vivir, desidia y miedos, entendiendo a la vez que puede redimirse si descubre claramente que la tiranía que existe y 11 millones de tiranizados, son una perversión.

A través de las charlas en que se desarrollan estos «Llamados», los que frente a la situación dolorosa en que viven, tratan de evadirla, pero están resignados cuando no confundidos, entenderán que hay sólo un camino de salida de ella, que es la liberación.

Hay en ellos preguntas clave a los cubanos, una de ellas: «¿Vale la pena vivir cuando uno descubre que vale menos que los esclavos?». El ser humano, sólo cuando descubre su miseria interior, es que comienza a sentir los afanes de redención, dicen también los autores.

Deshacer en la psiquis del cubano todo lo que hizo Fidel Castro en ella para transformarla y hacer de él un esclavo llevado al grado más alto de la abyección, es meta de estos «Llamados». O sea, deshacer ese «portento» de ingeniería humana que es el «hombre nuevo» de Castro.

Cuando el pueblo cubano cobre conciencia de lo que el tirano ha hecho de él, y, a través de él, ha hecho de Cuba como pueblo y nación, estará preparado para dar el salto de la esclavitud a la libertad. Esa es la apuesta de estos «Llamados a la libertad» de Juan Suárez y la Dra. Blanca Rosa García.

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