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Raíces
de Cubanía, conlleva dos intenciones:
destacar la grandeza del exilio histórico cubano,
la Cuba eterna de los valores varelianos y martianos,
y, a la vez, rendir homenaje a muchos pioneros de
la epopeya de aquéllos que prefirieron vivir
en tierra ajena pero libres. Este grupo representa
a todos los que de una forma u otra se trajeron consigo
a la Cuba de ayer, con sus valores y tradiciones.
Cabe aquí destacar que cuatro de ellos sin
haber nacido en Cuba, tienen la misma dignidad y alcurnia.
Su cubanía grande se produce hasta por ósmosis.
El
conjunto de personalidades que integra estas semblanzas
es de auténticos representantes de esos valores
que no mueren nunca. Responden a la más auténtica
expresión de cubanía; todos vivieron
o viven en el exilio y sin dejar de pensar en la patria
han realizado una obra patriótica intelectual
o artística, que continúa la tradición
de la Cuba de siempre.
Aquí
queremos dejar establecido que los valores de la auténtica
cultura cubana no quedaron al garete. Los exiliados
los llevaron consigo, los siguieron cultivando y los
reafirmaron en todos los aspectos de la vida. ¿Quiénes
fueron esos salvadores de la cultura cubana? O pudiera
hacerse la pregunta de este otro modo: ¿Quiénes
son esos señores y señoras que han contribuido
a mantener a flote nuestra cultura, permaneciendo
fieles a ella? Son los cubanos que desde el exilio
se han destacado en la política, la cátedra,
las profesiones, las artes, el periodismo, la medicina,
la filosofía. Predominan en los personajes
escogidos en esta colección de semblanzas,
la agonía por la libertad y por la realidad
que se resume en el concepto de patria.
Por
eso la cultura que se hace en el exilio tiene un tono
heroico, porque la nota tenida de la libertad está
en el fondo y al final de toda actividad. Esa mezcla
de los valores de nuestra cultura, con la lucha incesante
por recuperar la patria y sus libertades, es la aspiración
constante de la diáspora cubana. Miles de ellos
han sido víctimas de la agresión totalitaria
de casi medio siglo. No obstante, han sabido rescatarla
de ese montón de escombros que es la Cuba de
hoy.
Estas
semblanzas son las de un grupo de cubanos
ilustres, unidos por un mismo dolor, la crucifixión
de Cuba que ha dado un sentido especial a sus
vidas. Hombres y mujeres, que a casi todos ha sorprendido
la muerte viviendo obligatoriamente fuera de la patria.
Están marcados por un destino común,
el hecho de ser exiliados y de haber emprendido el
viaje sin regreso muchos de ellos sin cumplir el anhelo
de volver a la patria.
No
es necesario entrar a reseñar el por qué
de esa
circunstancia, porque es historia contemporánea
que todos conocen; pero sí hay que señalar
el papel
que cada uno de ellos ha jugado en ese proceso
histórico que está matizado por la instalación
de una tiranía comunista en Cuba, y lo que
la vida de ellos significa como portadores de unos
valores que gracias a su quehacer, han escapado de
la destrucción total.
Cuba
fue un país que alcanzó un grado óptimo
de
desarrollo cultural. La fractura histórica
de lo que
significó la toma del poder por los comunistas
provocó
el estancamiento de tan floreciente proceso debido
al ataque directo de la ideología totalitaria
que arremetió contra los valores judeocristianos
en que se asienta nuestra cultura. Ninguno de los
intelectuales que quedó en Cuba pudo hacer
algo por salvar esa cultura atacada en su base por
otra cultura totalitaria y, por tanto, liberticida.
A
esa minoría le fue imposible manifestarse,
debido a la propia naturaleza del sistema. Prefirió
el silencio a desertar de sus principios y profanar
esos valores, como fuera el caso de don José
María Chacón y Calvo. Los que prefirieron
seguir la corriente y sumarse a la nueva ola que ha
tratado, aunque inútilmente, de hacer naufragar
lo que es la cubanía, son responsables en un
grado que determinará la historia, del delito
de lesa cultura cometido por el régimen castrista.
Quiero
terminar haciendo notar que todo proceso
histórico siempre tiene desde sus comienzos
un
patrón que se repite. En el caso de Cuba tanto
en el 68, como en el 95 y ahora, en estas cinco décadas
de nuestra diáspora, el patrón lo marca
y lo singulariza el hecho de que personas nacidas
en otros países sientan y hagan efectiva la
voluntad de contribuir a lograr la libertad de Cuba.
Tenemos
en el 68 el ejemplo de Henry Reeves, uno
de los próceres de esa epopeya. En el 95, la
figura
cumbre del Generalísimo Máximo Gómez,
el estratega
más distinguido que ha tenido Cuba. En este
medio siglo que nos ha tocado vivir, el patrón
se repite en el Dr. Horacio Aguirre, que desde
un principio ha estado como periodista a nuestro lado.
Como Director de Diario las Américas,
les abrió sus puertas a esos cientos de patriotas
que han protagonizado la larga batalla del exilio,
muchos de ellos desaparecidos hoy.
Raíces
de Cubanía es un homenaje a esas figuras
que han sabido dar lo mejor de sus vidas por mantener
vivas sus esencias y a los que sin ser cubanos han
sabido dejar una profunda huella de fidelidad a nuestros
valores y cultura.
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